Hace unos días, recibí un mail en el que alguien me preguntaba como se hacía un truco que había visto en el blog de Rosa.
Como ya sabeis, no pruebo todo lo que se publica y ese era uno de esos trucos que no había puesto en práctica, así que le dije que si lo había visto en el blog de Rosa, ¿porqué no le preguntaba a ella?
Mi comunicante me respondió que ya lo había hecho, pero que Rosa era una antipática y no le había contestado.
Lamentablemente, en aquellos momentos, ignoraba que Rosa estuviera enferma y que quizá por este motivo no le había contestado.
Me limité a decirle que me extrañaba esto en Rosa, ya que siempre contestaba.
No recuerdo si, finalmente, le encontré o no la respuesta, pero esto no viene al caso.
Lo sucedido ayer me ha hecho pensar de nuevo en algo que lleva rondándome por la cabeza desde hace algún tiempo: ¿Que será de mis blogs y todo lo que he puesto en marcha en internet si algo me pasa?
¿Le pido a una de mis hijas que haga una entrada póstuma avisándoos del tema?
Porqué una tiene ya una edad, (y aunque no la tuviera, nadie está exento de accidentes, ya sean laborales, domésticos o de circulación), y este tema acude a menudo a la mente.
Y la tragedia de ayer me ha hecho reflexionar de nuevo.








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